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En los establecimientos especializados en iluminación y en los centros de bricolaje puede encontrar bombillas incandescentes, halógenas y fluorescentes, que son los tres tipos de bombillas más comunes que se colocan en las lámparas del hogar.
Las bombillas incandescentes son las más utilizadas, aunque empiezan a verse sustituidas por los modelos fluorescentes, que consumen muy poca energía, con el consiguiente ahorro que esto supone. Están compuestas por una ampolla, al vacío o rellena de un gas especial, en cuyo interior se encuentra un filamento que se pone incandescente en cuanto pasa a través de él la corriente eléctrica iluminando la estancia. Incluso puede encontrar modelos que llevan una especie de capuchón en la parte inferior de la bombilla que permite que la luz se proyecte hacia los lados en lugar de directamente hacia abajo. |
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La duración de este tipo de bombillas incandescentes está limitada por el filamento, que se va evaporando por el uso y que finalmente se rompe obligándonos a cambiar de bombilla. No obstante, suelen ser bastante duraderas ya que alcanzan entre 1.000 y 1.200 horas de uso.
En cuanto a las lámparas halógenas, su principal ventaja consiste en el tratamiento químico que les dispensan y que las hace más duraderas, permitiendo además que la luz que emiten muestre los tonos reales de los objetos. Su duración oscila entre las 2.000 y 3.000 horas. Los modelos que se utilizan normalmente admiten 220 voltios pero existen otros que funcionan a un voltaje inferior y que permiten dotar de una iluminación más tenue a lugares determinados de una estancia o para resaltar objetos concretos como pueden ser las obras de arte.
Por último, las bombillas fluorescentes son las que menos consumen, las más duraderas (unas 10.000 horas) y las más caras, aunque a la larga este primer desembolso compensa con creces al ser mayor el ahorro que se consigue que el desembolso inicial. Este tipo de bombillas cuestan seis veces más pero puede ahorrar hasta aun 80% de electricidad. Otra buena elección son los tubos fluorescentes en lugar de bombillas para zonas que requieran de una iluminación difuminada y suave como la cocina.
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